miércoles, 29 de octubre de 2014

La política se debe entender como servicio a la comunidad



Para muchos políticos de alto nivel el negocio de su vida comienza después de dejar sus cargos. En principio es algo legítimo, pero no deja de ser inmoral si pensamos que actúan como lobbyístas para los grandes consorcios, haciendo uso indebido de los contactos heredados de sus posiciones políticas privilegiadas. 

Son los lobbies los que dictan las leyes a su conveniencia (véanse CETA, TTIP y el TLC con Singapur) a través de políticos en ejercicio y ex altos cargos electos como los antiguos jefes de gobierno o ministros, pero también por medio de personas dedicadas únicamente a ser enlaces entre parlamentarios y empresas.

Muchos favores de la época de su actividad política se pagan así mediante comisiones por interceder en la consecución de lucrativos contratos internacionales o nacionales. No existe la transparencia ni el control democrático, ya que los mismos representantes elegidos por el sistema que disfrazan de democracia parlamentaria no defienden los intereses de los ciudadanos que los eligen, sino sólo los intereses de las grandes empresas. 

Esta no puede ser la finalidad de los parlamentos ni de la representación delegada en los diputados y alcaldes, que se justifican con argumentos como que no sería viable abarcar tantos temas y tanta legislación por ellos mismos. Necesitamos más democracia directa, más controles democráticos, más transparencia y menos lobbyístas. La política se debe entender como servicio a la comunidad y no como negocio particular de unos pocos. Este es lo que defiende Cilus, porque sólo así la política se podrá regenerar.




domingo, 11 de mayo de 2014

Celebraciones anacrónicas en una Europa unida


Como todos los años, hoy ha tenido lugar la celebración anual del fin de la Segunda Guerra Mundial con la victoria sobre Alemania, gobernada entonces por un régimen dictatorial de extrema izquierda nacionalista. Y ya van 69 años de celebraciones.

Todas estas celebraciones de guerras y ofensivas bélicas contra países que se suponen amigos y socios de los celebrantes en una Europa cada vez más unida, al menos formalmente, para crear una gran comunidad política y económica con libre movimiento de personas y mercancías entre los  veintiocho países miembros, resultan cada vez más anacrónicas. Incluso me atrevería a decir que son una ofensa más que un homenaje a los caídos o la proeza bélica.

No se trata de que se olviden determinados hechos históricos, sino de no reabrir viejas heridas, fomentando el resentimiento y el odio más que cultivar la memoria histórica para evitar que se repitan circunstancias que llevaron a las grandes guerras que no fueron más que destrucción de vidas humanas y patrimonios culturales, mientras que nunca sirvieron realmente para nada si comparamos situaciones anteriores y posteriores al empleo de la violencia bélica.

Especialmente destacan las celebraciones rusas en la Plaza Roja de Moscú, en un momento en el que la Federación Rusa pretende volver al imperialismo y a las malas maneras que ejercía desde 1801 y sobre todo durante los setenta y tres años de la dictadura comunista, con una demostración a la vieja usanza soviética del poder bélico.
Lo que se omite en todas estas celebraciones, a las que en los últimos años asiste siempre el gobierno alemán, para seguir humillándose y ser humillado por algo que hizo un régimen totalitario en tiempos ya remotos, es todo el sufrimiento del pueblo derrotado al tener que soportar los pillajes, los asaltos, las violaciones y crueldades, la tortura y el rapto, la expulsión de su territorio, la destrucción del patrimonio cultural por las tropas soviéticas, al igual que la destrucción masiva de ciudades indefensas por los británicos de gente que nada podía hacer para evitar la guerra y los demanes de sus dirigentes políticos. No son proezas dignas de celebraciones.

Por otra parte, los franceses, que iban de remolque, ya que no pintaron realmente nada al no disponer de ejército propio operativo en aquel momento, son los más interesados en recordar el día en que comenzaron a recuperar su independencia, pero no sin haber colaborado un tiempo y en una parte de Francia con los ocupadores nazis.

Sería mucho más útil celebrar hechos históricos que simbolizan el nexo de unión entre los europeos, su origen común y el carácter positivo de algunos acontecimientos que fueron todo menos el enfrentamiento entre pueblos.

En realidad se trata de un recalentamiento continuo del sentimiento de culpabilidad de unos y de triunfo de otros, de subrayar que unos son perdedores y otros vencedores, de actos de humillación y demostración de supremacía.

Obama ya dejó entrever su actitud cuando en plena campaña electoral estadounidense dio su discurso en Berlín, bajo la Columna de la Victoria. Su semblante sereno, de predicador americano, es engañoso y hace temer lo peor. EE.UU. quiere imponer a Europa cuál ha de ser la política europea y quién manda aquí.

En una Europa unida lo que no procede es celebrar acontecimientos que humillan a otros. En Europa, todos los países han tenido guerras entre sí, incluso estados alemanes se enfrentaron unos con otros por intereses territoriales. Si realmente se quiere llegar a crear unos Estados Unidos de Europa, lo que tiene que prevalecer son los valores comunes, la concordia entre los pueblos y la superación de resentimientos históricos.

Tal vez algunos países aún no han comprendido que ya no son ni deben ser hegemónicos,  mientras que otros dejaron de celebrar hace tiempo batallas contra países que hoy son amigos y socios. Un sentimiento europeo tiene que partir de una nueva forma de pensar y de actuar sin quedar anclado en un pasado ya remoto que la mayoría de las nuevas generaciones apenas conocen de los libros y de la televisión ni pueden entender. El mundo nunca cambiará siguiendo viejos esquemas de potencias mundiales o continentales y países subordinados.

Las conmemoraciones casposas de hazañas bélicas como la del 9 de mayo deben cesar. Necesitamos una política nueva, necesitamos políticos nuevos. El mundo ha cambiado, pero los políticos siguen con una mentalidad del siglo XIX, con intereses geopolíticos caducos e inmovilistas. Los actos del 9 de mayo se organizaron -como se pudo ver en la televisión- para un público selecto, decorado con veteranos de guerra luciendo medallas, que en 1945 debían haber sido muy jovencitos. Es el mundo particular en el que viven los  gobernantes, lejos de los ciudadanos a los que hacen pagar las facturas. ¿Es esa la Europa que queremos?

Cilus - Ciudadanos Libres Unidos quiere otra Europa.

Pedro Schwenzer
Candidato Nº 2 al Parlamento Europeo

lunes, 9 de septiembre de 2013

Madrid 2020 ha dejado a la vista de todo el mundo que es urgente una renovación de la política


El fracaso de la tercera candidatura olímpica de Madrid es una muestra más de lo mal que se gestiona España. No por mucho insistir mejora la percepción en el exterior de cómo se gobierna en España. 

Los responsables de Madrid 2020 no sólo apostaron por una candidatura de bajo coste en la absurda creencia de que el Comité Olímpico Internacional valoraría ante todo que no se iba a gastar dinero en los Juegos Olímpicos por razones de la crisis económica, que no afecta a todos los países del mundo y no es tan profunda en todos los países con crisis económica como en España, sino además parece haber confiado en que tendrían en cuenta las dos candidaturas anteriores y las obras ya iniciadas y/o terminadas para una futura sede olímpica. Craso error.

No sólo ganó la propuesta más vanguardista de Tokio (sólo hay que comparar el estadio olímpico proyectado con el plan de reciclaje del abandonado estadio de La Peineta de Madrid), sino también la desventaja de Madrid frente a ciudades junto al mar, sólo superable con instalaciones acuáticas deslumbrantes, algo que en Madrid es problemático al disponer sólo de un río de escaso caudal. Además, el haber propuesto tres subsedes en la costa supone una dispersión de la actividad olímpica que no se daría en Estambul ni se dará en Tokio, donde todas las instalaciones olímpicas se situarán en un radio estrecho alrededor de la bahía de la ciudad. Por lo tanto, la propuesta de Madrid tendría que haber sido un proyecto urbanístico y de infraestructuras acuáticas de mucha inversión, algo que por ahora España no es capaz de financiar.

En algunos medios se habla ahora de la injusticia del COI. Pero la injusticia es que Madrid tenga la alcaldesa que tiene y el Comité Olímpico español un presidente como el que tiene. Una candidatura de bajo coste para hacer creer a la gente que no costaría nada no es lo que espera el COI de las ciudades candidatas. 

Puede parecer injusto que ni a la tercera Madrid logró ganar, pero como dice el proverbio: Dime de qué presumes y te diré de lo que careces.

Un problema es que en España la formación profesional deja bastante que desear, una carencia que también afecta a las universidades, muchas veces meros centros de "dictar" contenidos académicos de poca relación con la realidad. Y allí donde se forman buenos profesionales, al final sólo se exportan profesionales bien preparados a otros países al no ofrecer España posibilidades de encontrar trabajo remunerado adecuadamente. Por otro lado sólo parecen llegar a los más altos puestos los menos preparados, los más corruptos, los más enchufados. Ya lo pudimos comprobar en la rueda de prensa del viernes en Buenos Aires, con bochornosas intervenciones e incoherencias de la alcaldesa de Madrid y el presidente del Comité Olímpico Español, ninguno de los dos con conocimientos básicos de inglés ni siquiera para entender lo que se preguntaba. Y lo peor de todo fue la intervención de los citados personajes en la presentación oficial, que -como ya comentó S.A.R. la Infanta Doña Pilar- es puro teatro, porque todo el pescado ya estaba vendido, una presentación que no pudo salvar ni siquiera S.A.R. el Príncipe Don Felipe. 

En Ciudadanos Libres Unidos (CILUS) tenemos claro que el funcionamiento tradicional del sistema de partidos es obsoleto. No sólo hace falta un régimen interno de elecciones primarias y limitación de mandatos, sino también los mismos afiliados tienen que tener claro a quien elegir para ser candidatos. Los partidos tienen que preparar a sus bases y a sus dirigentes para que sean capaces de asumir cargos y elegir a sus candidatos y dirigentes siguiendo criterios de suficiente nivel cultural y profesional para una futura gestión de las instituciones en caso de ser elegidos. 

Madrid 2020 ha dejado a la vista de todo el mundo que es urgente una renovación de la política y que se deje paso a personas que no vean la política como prebenda vitalicia, sino como servicio a la comunidad y como reto para que España pueda estar a la altura de otros países. Crear crisis artificiales con otros países por disputas trasnochadas nacidas hace varios siglos o plantear independencias de regiones sin base histórica alguna no es el camino más adecuado para ganarse la estima y admiración de otros países. Sólo son una muestra más de falta de visión y de grandeza.

Pedro Schwenzer 
Secretario de Comunicación de 
Ciudadanos Libres Unidos (Cilus)

lunes, 17 de septiembre de 2012

Posicionamiento de CILUS sobre el rescate a los bancos



Liquidar una entidad no viable sale a coste cero para el Estado. En la liquidación de un banco pierden dinero sólo aquellos que han asumido riesgo, y no se penalizaría a todo el conjunto de los españoles. Los bancos españoles se han endeudado fuertemente para conceder créditos; deuda contraída ante inversores que han arriesgado su capital con miras a un interés potencial y conscientes del riesgo. Desde un principio eran conscientes de que asumían el riesgo real de pérdida de su inversión. Además, ninguna entidad en España pondría en riesgo el conjunto del sistema financiero por su liquidación. De hecho, también la Comisión Europea se ha manifestado a favor de la liquidación de entidades bancarias deficitarias para sanear el sistema financiero español. En ningún caso es obligatorio inyectar dinero público para supuestamente “salvar” a la economía española. Es más, las inyecciones de dinero público en la banca han conllevado restricciones en los derechos básicos de los españoles. 

Las actuaciones del Gobierno son insuficientes, limitadas e inútiles. La obligación de provisionar activos, el banco malo y las auditorías encargadas recientemente no son más que medidas, que permiten maquillar la realidad para evitar la asunción de responsabilidad por los políticos, CNMV, sindicatos y administración de bancos por su pésima gestión. Se han dedicado a taparse las vergüenzas unos a otros sin presentar claramente la realidad, apartar a los malos gestores y ofrecer soluciones reales. 

Proponemos obligar a los bancos que valoren sus activos tóxicos a precio real de mercado. Esto llevaría a los bancos a desprenderse de estos activos, lo que implicaría que se regularía el mercado inmobiliario (que llegaría a un nivel de precios real de mercado) y el sistema financiero al tener las entidades financieras liquidez para volver a tener crédito. Todo lo que no sea actuar en este sentido, es alargar inútilmente la crisis del sector financiero Español.

lunes, 21 de mayo de 2012

Ciudadanos Libres Unidos considera que las fusiones de las cajas de ahorros han sido un error grave



Ciudadanos Libres Unidos considera que las fusiones de las cajas de ahorros han sido un error grave, algo así como una última medida del gobierno para camuflar los efectos negativos de una gestión desacertada de la economía, de la crisis y del sistema financiero.

El problema no es tanto el tamaño de las entidades, un argumento que siempre se esgrima para justificar que de 45 entidades al final quedan 15 o incluso menos, sino el funcionamiento mismo de las cajas.

Antiguamente, las cajas de ahorros estaban pensadas para ofrecer servicios bancarios a los ciudadanos de las clases humildes o de clase media, sin grandes patrimonios, de facilitarles la obtención de préstamos, de fomentar el ahorro con rentabilidades aceptables y de mejorar de esta forma las condiciones de vida de una gran parte de la población. Eran entidades de cercanía, con una clara función social, de ámbito municipal y provincial. Y sus beneficios tenían que revertir, necesariamente, en seguir cumpliendo con su carácter benéfico.

Sin duda alguna, el primer error fue permitir a las cajas de ahorros expandirse más allá de sus límites geográficos originales, y así entraron en competencia entre sí entidades con las mismas características que antaño prestaban servicios coordinados a través de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA). La competencia no es mala si sirve para diversificar la oferta y obligar a prestar mejores servicios. Pero, en realidad, las cajas se convirtieron en instrumentos del poder político, a la vez que comenzaron a hacerse la competencia en unos servicios que sólo manteniendo su carácter particular y la limitación geográfica de las entidades podían competir con la banca comercial.

Otro error fue entregar su control a los gobiernos de turno del lugar de su sede social, algo que implica dos problemas: Las entidades no son dirigidas siguiendo criterios profesionales y financieros, sino siguiendo criterios de interés político. Además, su expansión por toda España es contradictoria con que siguieran siendo feudos de los organismos gubernamentales de sus respectivas sedes sociales, es decir, los políticos gobernantes de una comunidad autónoma o de unos ayuntamientos concretos llegaron a controlar a una macrocaja que actuaba en toda España. Si se parte del principio de la legitimidad del control político sobre las cajas en función de su ámbito de actuación, si se establece fuera de su ámbito original no se entiende muy bien que un político andaluz decida sobre la política comercial en Castilla, o uno catalán sobre la que se aplica en Andalucía, etc.

Al margen de este sistema, que con el tiempo evolucionó hacia el exceso que conocemos, porque cuando las cajas de ahorros tenían un ámbito municipal o provincial claramente delimitado nunca daban tanto que hablar, ha sido un error que las cajas se dejaran en manos de los políticos. Tampoco en su origen las cajas eran una iniciativa política, sino más bien de beneficencia, y las entidades que las dirigían al principio no tenían ninguna vinculación con el poder político, sino a veces eran de la Iglesia Católica, otras de empresarios comprometidos socialmente, y así existen orígenes diversos y curiosos que no se deberían haber abandonado del todo. Por lo tanto se plantea la pregunta de ¿cómo se llegó a la situación de que fueran las autonomías y los ayuntamientos quienes tomaron el control de las cajas?

Esta situación ha llevado a que las cajas concedieran financiación sin control durante los tiempos de bonanza, y a los gobiernos interesaba que la economía creciera animando al consumo y a la compra de casas. Pero lo peor quizás hayan sido las inversiones no rentables como en el caso de algunos aeropuertos como él de Ciudad Real, o de muchos edificios de la Ciudad de la Ciencia de Valencia que hoy apenas tienen un uso acorde con su nombre, al igual que otros proyectos faraónicos que pesan realmente mucho más en las cuentas al suponer una pérdida total, ya que son grandes proyectos sin retorno alguno. Por el otro lado, todos conocemos los abusos de las cajas de ahorros en materia de comisiones, que superan a veces las de los bancos comerciales y son totalmente contrarias a las finalidades de las cajas.

Nos venden las fusiones (y la subsiguiente pérdida de oferta y competencia) como la panacea, cuando se ve que el remedio ha sido peor que la enfermedad. Tradicionalmente, en toda economía libre de mercado con un sistema de protección social, cuando una empresa o un banco entraba en situación de quiebra, se liquidaba dicha entidad, y así la carga era básicamente de los socios o accionistas de ésta, que con la compra de participaciones sociales asumen su responsabilidad (responder con sus aportaciones de capital) en caso de quiebra. Y para salvaguardar los intereses de los depositantes existe el fondo de garantía, que cubre al menos a los depósitos de los menos pudientes. Proceder a una liquidación controlada, que se puede hacer, es mucho mejor que cargar a toda la sociedad el coste de la salvación de entidades de la bancarrota. Esto haría, además, que sus gestores actuaran con más diligencia para no comprometer la continuidad del banco o de la caja, y para aumentar aún más esa seriedad en la gestión haría falta también establecer responsabilidades penales o civiles de los gestores irresponsables.

Al imponer las fusiones de cajas y entidades bancarias se ha destruido riqueza, empleo y variedad de oferta, la expansión de las cajas de ahorros, que las convirtió en entidades que se hacen la competencia en el ámbito nacional, ha desvirtuado su finalidad y les ha hecho perder su carácter de cercanía al ciudadano corriente. Las cajas realmente sólo pueden competir con los bancos en su ámbito original, pero al trabajar a gran escala han perdido su razón de ser y sólo han sido instrumentos de poder de los políticos regionales.

Como solución alternativa a las fusiones, que sólo parecen servir para maquillar balances y pérdidas, Cilus propone convertir a las cajas de ahorros en bancos cooperativos como existen en Alemania y Austria. Los bancos cooperativos nacieron de forma similar a las cajas de ahorros y montes de piedad (que también existen en Alemania y Austria, pero donde continúan limitadas a sus ámbitos municipales o territoriales. Los bancos cooperativos ideados por Raiffeisen y los bancos populares (>bancos del pueblo para el pueblo) han sabido sortear bastante bien la crisis. Funcionan como cooperativas de clientes, es decir, cada cliente adquiere como mínimo una participación y como máximo de 17 a 50, dependiendo de la entidad, cada participación cuesta unos 50 euros. El capital social es, por tanto, de los clientes-cooperativistas, y éstos eligen a sus directivos, que suelen ser profesionales del sector financiero. Por las participaciones se pagan dividendos (alrededor del 6% anual) y casi siempre las cuentas no tienen comisiones de mantenimiento ni de transferencia. Nunca se ha oído que los bancos populares y de Raiffeisen hayan estado involucrados en asuntos políticos. Además, fomentan a los autónomos, las pymes y al pequeño ahorrador, a la vez que ofrecen servicios bancarios completos. Pero en España a nadie parece habérsele ocurrido copiar este sistema.

Cilus considera que las fusiones no son la solución y que nunca lo han sido, sólo crean macroentidades que al final son difíciles de controlar. Más bien debe replantearse todo el sistema bancario y de cajas de ahorros, y sobre todo en las cajas haría falta algo completamente nuevo, recuperando la esencia de las cajas, pero volviendo a tenerlas como cajas provinciales interconectadas para dar un mejor servicio, sin grandes consejos de administración, sin indemnizaciones millonarias para los altos directivos por su mala gestión y sin políticos y sindicalistas que cobren elevadísimos sueldos de consejero sin ejercer control alguno sobre las entidades.


lunes, 14 de mayo de 2012

La política al servicio del ciudadano



CILUS - la política al servicio del Ciudadano



¿Otro partido más?


Durante los últimos años ha ido aumentando a un ritmo cada vez mayor el descontento de los ciudadanos con la política y, sobre todo, con los partidos políticos.
La lejanía de la clase política de las necesidades y de los deseos de los ciudadanos y una corrupción cada vez más extendida y consentida, tolerada e incluso promocionada por los partidos políticos han contribuido a este desencanto. Los partidos políticos no son una solución, son uno de los principales problemas de nuestra sociedad. Los más de cinco millones de parados no son fruto de la casualidad, sino de una corrupción y una larga mala gestión de nuestros gobernantes.


¿Por qué, entonces, otro partido nuevo?


Pues porque son necesarios otros partidos diferentes. La mayoría de los ciudadanos de España estamos descontentos y preocupados por la situación actual de España, pero somos incapaces de llegar a la más mínima unión para lograr que los actuales partidos empiecen a pensar en los problemas que afectan a tantos millones de ciudadanos y que busquen conjuntamente una solución. Lo que en otros países democráticos se puede lograr -las grandes coaliciones-, en España es desgraciadamente impensable. Y tampoco van a permitir fácilmente que este descontento de millones de españoles pueda organizarse en una democracia limpia y constituir una fuerza que les sacuda la conciencia.


Por eso nos hemos unido y hemos constituido el partido Ciudadanos Libres Unidos, porque queremos agrupar la fuerza de aquellos ciudadanos que quieren sentirse libres de ataduras ideológicas y libres de la dictadura de los medios de comunicación y de la banca, porque buscamos sumar energías, ilusiones y porque creemos en la ilusión de unos afiliados y de todos aquellos que quieren trabajar en un proyecto común, en un proyecto de todos para todos. Queremos ser un partido que vele por una auténtica democracia y que internamente ponga en práctica los mismos valores y mecanismos que pide también para la vida pública. Y para no convertirnos en un partido más, estaremos abiertos a la crítica constructiva y a todos los sistemas de control interno que sean necesarios y convenientes.


En Ciudadanos Libres Unidos entendemos la renovación política como fundamental para que cualquier país democrático pueda progresar. Para ello es necesario que este objetivo no se quede en mero lema conceptual. 


CILUS - una apuesta ciudadana, una osadía ciudadana



Nuestros objetivos

En CILUS buscamos y queremos una sociedad más justa y más humana, con una mejor distribución de la riqueza, en la que los sacrificios estén también mejor repartidos y en la que ningún ciudadano se vea privado de los bienes y servicios más elementales, algo que está ocurriendo actualmente.

Queremos que la política esté al servicio de las personas y no de los políticos o del gran capital, una política que fomente los valores del esfuerzo y del sacrificio y no del despilfarro, una política limpia y transparente, una política en la que se dé una auténtica separación de los poderes del estado.

En CILUS queremos unos ciudadanos altamente formados y libres en una sociedad sin privilegios y con las mismas oportunidades para todos, cualquiera que sea el origen social, económico o regional, unos ciudadanos solidarios con los demás ciudadanos de España y del mundo y que participen activamente en la gestión de este su estado.